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Editors no se merecen llenar en salas de la capacidad de Razzmatazz. Ya sé que el mundo está lleno de injusticias, pero ésta es una de ellas, y ha quedado patente con el flojo concierto que la banda de Tom Smith ha ofrecido esta noche en Barcelona. Para alejarse de las comparaciones -o acusaciones de plagio, directamente- con Interpol, Editors han querido con su segundo disco adentrarse en el terreno de la épica, del pop-rock de estadio, como unos U2 o unos Coldplay más. El problema es que no lo son.

Eso, en este caso, se llama épica barata, se llama cegar literalmente al público con luces epilépticas para que éste tenga la sensación de que esa guitarra aguda es lo más excitante que puede escuchar en ese momento. Y no es así. Y han empezado bien el concierto, repasando un tema de su primer y notable disco, The Back Room, llamado ‘Camera‘. Una delicia. La siguiente ‘Blood’ ha rememorado su primera visita a España, cuando tocaron en Razzmatazz 3 y dieron un conciertazo porque todavía habían publicado sólo un disco. Sobre An End Has A Start, su segundo álbum, poco hay que decir: es malo, sólo se salvan cuatro canciones de él (la gloriosa ‘Smokers Outside the Hospital Doors‘, que ha cerrado el concierto, es de los pocos momentos donde la épica de Editors funciona), y en directo tienes la sensación que están tocando el mismo tema una y otra vez.

Además, Tom Smith no es Chris Martin, no tiene ese carisma, y cuando se pone histriónico pues no convence. No te lo crees. Es seguramente el problema de Editors: no te los crees. Y de eso seguramente tenga gran parte de culpa su segundo disco, con el que pretenden ya saltarse todos los pasos e ir a por los conciertos de estadio, lo que decía antes de cegar al público con lucecitas y luego poner la foto con todos con las manos en alto. Pero no. Editors todavía no merecen llenar salas con más de 1.000 personas. En fin.