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Piensen en una mezcla entre Standstill y Los Piratas. Ya lo tienen. En un grupo que se ha pasado ensayando y tocando nueve años, y que hasta ahora no se ha atrevido a publicar su debut. Un día en el mundo. Imaginen todo lo que puede contener el resumen de nueve años. Todo lo que puede aportar. Vetusta Morla. La crítica los adora, el disco tiene sublimes destellos de brillantez (’Autocrítica’, ‘Copenhague’, ‘Rey Sol’, ‘Sálvese quien pueda’), y en general todo lo que transmiten da la sensación de ser especial. Son especiales. 6 músicos de Madrid que quieren dar algo más. Ahora que ya los conocen, entren en Un día en el mundo. Disfruten. El 17 de abril en Sidecar (Barcelona), y el 19 en Joy Eslava (Madrid). Y recuerden: “Las palabras que no existen nos pueden salvar“.

Pese a que seguramente se gestaron durante el mismo periodo de tiempo y a lados diferentes del Atlántico, resulta curioso comprobar la similitud del primer disco de Foals, uno de los hypes de la presente temporada, con el debut de Vampire Weekend, otro nombre con mayúsculas del nuevo indie del 2008. ¿Es eso bueno? Veamos…

Una sola escucha de Narrow Stairs en las oficinas de Warner en Barcelona este mediodía ha servido para confirmar todas mis expectativas. Ben Gibbard, Chris Walla, Nicholas Harmer y Jason McGerr han dado forma, para este sexto álbum, a un disco inesperado, disonante, incisivo pero bellísimo, un tratado que sorprenderá a los que piensen que la música de Ben Gibbard y los suyos es más dulce que un terrón de azúcar. Una sola escucha de Narrow Stairs me ha hecho arquear las cejas en más de una ocasión, emocionarme hasta casi llorar, querer gritar cómo de maravillosa es la música, y sobre todo maldecir el hecho de que el disco tuviera que permanecer dentro de esas cuatro paredes y ahora tenga que esperar semanas hasta volverlo a escuchar. Antes de que se escapen, capturemos las primeras sensaciones de Narrow Stairs. Una libreta, once canciones, muchas cosas que contar. Desgranemos Narrow Stairs contra su propia voluntad y naturaleza. Pasen, pasen…

Se cumplen hoy exactamente dos lustros desde la publicación de In The Aeroplane Over The Sea, un incunable a cargo de Neutral Milk Hotel que se publicó en 1998 y resultó ser el segundo y último disco de la banda liderada por Jeff Mangum. Hoy en día lo reivindican grupos como Brand New, Manchester Orchestra e incluso Beirut, y no es para menos: In The Aeroplane Over The Sea es un disco de una profundidad impresionante, de una honestidad turbadora, inspirado -más bien basado íntimamente- en El Diario de Anna Frank y que mezcla el indie con el folk y una experimentación sin barreras. Por si todavía no les conocen, tener este disco es prácticamente obligatorio, así que aquí lo tienen para descargar, cortesía de indiespot, y en Stereogum han hecho un bonito artículo de homenaje con vídeos de Jeff y todo. Así que felicidades, In The Aeroplane Over The Sea, y gracias por canciones como ‘Two-Headed Boy’, ‘Holland, 1945′ o ‘Oh Comely’.
“No vamos a hacer un nuevo disco de The Format. Por favor comprended que ésta ha sido una decisión difícil, y los dos estamos tristes por ello. Sam y yo permanecemos muy unidos, y queremos dar las gracias a todo el mundo que ha tenido algo que ver con The Format. Y también a los fans, que han hecho de éstos los mejores cinco años de nuestras vidas.
- nate.“
Mew - Frengers (2003)
Rolling Stones - Exile on Main St. (1972)
Juno - Music From The Motion Picture (200 ![]()
Manchester Orchestra - I’m Like A Virgin Losing A Child (2007)
Biffy Clyro - Puzzle (2007)

Y bastante antes de su fecha de lanzamiento oficial, pero en fin, esa es otra historia. De la primera, Thao Nguyen, ya hablé hace algún tiempo, y la verdad es que la primera escucha de su We Brave Bee Stings And All resulta deliciosa, sencilla y dulce como muchos esperábamos; de los segundos no hace falta hablar, porque son el hype de moda, ya han arrasado en todas partes con su ‘You! Me! Dancing!’, el octeto galés con nombre friki (Los Campesinos!) y que se autoproclaman “la segunda banda más punk del Reino Unido” (a su Myspace me remito). Apuesto un riñón que su Hold On Now, Youngster… terminará el año (sí, éste que sólo tiene ¡6 días! todavía) entre lo más destacado, y pisarán alguno de los múltiples festivales de verano de estos lares (probablemente un Primavera Sound, pero en fin, nunca se sabe) y podrán bailarlos hasta la extenuación. Música para cada momento, y una inmejorable manera de iniciar este 2008. Ambos links tras el salto, cortesía del blog Earl Grey With Milk…

Tanto si son de los que han descargado el zip con las 100 mejores canciones del año como si no, tanto si han leído todas las listas de lo mejor del año publicadas y por publicar (Stereogum, Pitchfork, Rolling Stone, Mondosonoro, Q, NME) como si les da igual lo que opinen los críticos musicales al respecto, merece la pena echarle una mirada por encima a este 2007 al que ya sólo le quedan unas horas. Sin duda el año de Radiohead, de In Rainbows y de su supuesta ruptura con la industria (en realidad sólo fue de fachada, pero algo es algo), de las reuniones, tanto mainstream (The Police, Led Zeppelin) como indies (The Verve), del nu rave o electrónica para indies (hablaremos de ello más adelante), y por motivos personales y de justificación más complicada, de Conor Oberst, también conocido como Bright Eyes, el chico de oro. Pasen, pues, y disfruten de una (mi) curiosa manera de diseccionar el 2007 y dar la bienvenida al 2008.

A veces ocurre. A veces, escuchas tres canciones de un disco y éste suena tan previsible que ya sabes todo lo que tienes que decir para cumplir con la crítica. Y a veces, aunque hayas escuchando con atención una obra decenas de veces, sientes que no acaba de ser tuya del todo, que algo se te escapa, como arena escurriéndose entre los dedos. Puede que sea porque cala demasiado hondo, puede que sea porque sus tres primeras canciones son monumentales (los dos minutos de gloria de ‘La tarda esclata’, el hit ‘Aguéev’ y la spoken word ‘Neix el món’ son inolvidables), y todas las que siguen rinden -como mínimo- al mismo nivel. Puede que sea por la extrañeza de estar escribiendo en castellano sobre un disco escrito en catalán (valientes Sinnamon Records, una de las discográficas indie más importantes a nivel estatal, por publicarlo, aunque comprensible tras apreciar su inmensa calidad). O puede que sea, como dice la mejor canción del disco, ‘Qui n’ha begut’, que cuando lo has probado es imposible dejarlo y cuentas las horas que pasas sin ello. Set tota la vida, el cuarto disco de los catalanes Mishima, es una obra minúscula pero de grandes proporciones, que te susurra al oído que es más oscura y a la vez más luminosa que el disco que la precede, y resulta casi imposible decir algo original sobre ella. Podemos decir que Set tota la vida nos desborda por su lírica, por sus relatos turbadores de desamor con un atisbo de optimismo (’Llavors tu, simplement’), por un Carabén que soy yo, eres tú y somos todos. Seguramente por todo ello sea uno de los mejores discos estatales del año, y seguramente por ello a partir de este disco, tendremos sed de Mishima para toda la vida.
*8
MANCHESTER ORCHESTRA - I’m Like A Virgin Losing A Child

Escuchando el primer largo de Manchester Orchestra (no se engañen, son americanos, de Atlanta) uno comprende por qué Brand New se los llevaron de gira a principios de este mismo año, juntamente con su protegido Kevin Devine. Juntos, forman un trío entrañable: los reyes del emo (Brand New), acompañados por el cantautor emo (Devine) y los indies emo en plena pre-emergencia (Manchester Orchestra). Y de alguna manera son una muestra de la nueva escena alternativa en Estados Unidos, grupos jóvenes alejados del mainstream pero aún así capaces de llegar a mucha gente. El primer trabajo de Manchester Orchestra, I’m Like A Virgin Losing A Child, es conmovedor: no es un disco sencillo, ni siquiera es un gran disco, de aquellos que cuando escuchas por primera vez ya te ha convencido. Pero, pero, pero…

Escuchar este disco, comprenderlo, entrar en él, es una de las cosas más bellas que van a pasarte este año. Dice Ramón, líder de Madee, que L’Antarctica (BCore) es un disco triste que habla de distanciamiento y de dolor. Tiene razón, claro, pero al mismo tiempo L’Antarctica refleja una parte imprescindible de la condición humana; dar forma a la tristeza, al desengaño, resulta algo ineludible para poder comprenderlo en su plenitud y así más tarde poder levantarte de nuevo y seguir caminando.

Lo mínimo que se le debe pedir a un disco que ha tardado más de tres años en ser gestado es que supere a su predecesor. Esa es la gran pregunta y el gran reto de este The Devil And God Are Raging Inside Me, una incógnita que tras diversas escuchas me veo en la obligación de tratar de contestar: así es. El tercer disco de los de Long Island es mejor que Deja Entendu, aquel maravilloso tratado de emo inteligente que combinaba partes agresivas con guitarras acústicas y una lírica aplastante. Jesse Lacey empieza este disco, vía ‘Sowing Season (Yeah)’, susurrando “Perdí a todos mis amigos/Los perdí por la bebida y la conducción/Pero los he recuperado”, seguramente refiriéndose al calvario por el que ha pasado estos últimos tres años, y concluye que ha salido indemne, hasta exitoso, de ello.

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